miércoles, 1 de octubre de 2014

LA CIUDAD IDEAL RENACENTISTA: FLORENCIA, ROMA, PIENZA Y SFORZINDA.

Puede afirmarse en términos generales que nunca se edificó una ciudad renacentista. La misma Florencia, cuna del Renacimiento,  era en 1490 un espacio fruto de su herencia romana y medieval. El corazón se estructuraba siguiendo el plano ortogonal de la antigua ciudad fundada por los romanos, como se puede observar en la foto aérea, pero a su alrededor se había formado desde el siglo XII una maraña de callejuelas que rompían ese orden.

Delimitación de la Florencia romana.



Florencia 1490.



  • Sí se puede decir, en cambio, que hubo ampliaciones o remodelaciones de barrios que mejoraron las ciudades salidas de la Edad Media. En este artículo veremos algún ejemplo.
  • También que hubo varios proyectos, ciudades que no pasaron de la teoría de un tratado de arquitectura como Sforzandia.  La excepción a esta afirmación sería la ciudad fortín de Palmanova casi a finales del siglo XVI.
Los proyectos de mejora de las ciudades renacentistas.

La anarquía de la ciudad medieval se oponía a las teorías estéticas del Renacimiento. Se elaboraron muchos tratados teóricos sobre la ciudad ideal e incluso algunos pintores fueron más allá creando vistas ciudadanas (vedutas) que reflejaban las nuevas ideas. Las vedutas más conocidas son las tres que nos van a servir de ilustración a esta parte del artículo. Se atribuyen a distintos autores. Entre las distintas teorías sobre estas imágenes hay  algún investigador que da la versión de que son tres obras de Leon Battista Alberti (las únicas obras pictóricas que se conservarían de este arquitecto) y que representarían distintas vistas de una hipotética  Roma reedificada. Hoy se conservan en tres museos distintos en Urbino, Baltimore y Berlín.

Vista de una ciudad ideal en el Walters Arts Museum de Baltimore. Atribuido a varios autores.  Al fondo se ve un arco de triunfo (¿el de Constantino?), el Coliseo y un baptisterio. Flanqueando los extremos dos modelos de palacio renacentistas. En el centro una plaza que posee como elemento central una fuente y cuatro columnas.



  • La irregularidad del trazado anárquico medieval se oponía al  sentido del equilibrio y de la uniformidad renacentista.  A las callejuelas intrincadas e inesperadas, el Renacimiento oponía trazados claros basados en calles anchas y rectas en tramado reticular, que no pudieron ser llevados a la práctica por el coste de derribar el callejero medieval. Como mucho se abrieron vías principales que actuaron como ejes viales uniendo puntos significativos de la ciudad. Este es el caso de la ciudad de Roma, donde Doménico Fontana planificó para el Papa Sixto V entre 1585-90 un ensanche más allá del casco medieval (ocupado básicamente por el antiguo Campo de Marte romano) para repoblar las colinas y ruinas deshabitadas. Su plan consistía en unir las 7 basílicas mayores, tomando como centro la basílica de Santa María la Mayor y una gran vía, "Strada Felice", desde la que partirían  vías radiales hasta llegar a las plazas donde se situaban las basílicas o un obelisco, como punto referencia visual. El crecimiento de la ciudad en los siglos siguientes se basaría en estas articulaciones viarias puestas por Fontana.
La ciudad de Roma. Según el proyecto de Sixto V 1585-90.


  • Las plazas sin forma definida, originadas por la unión de cruces de caminos, se trazarán en el Quattrocento siguiendo una uniformidad y una jerarquía. El pequeño centro urbano de Pienza puede ser un buen ejemplo. El Papa Pío II encargó al arquitecto florentino Bernardo Rosellino esta pequeña ciudad de retiro. La plaza de la ciudad estaría definida por los edificios más importantes
Plano de centro de Pienza. 1459-62.




  1. El Palazzo Piccolomini, la residencia papal (de estructura similar al palacio Rucellai de Alberti);
  2. La catedral con un diseño de fachada que repite el uso de columnas y arcos que vemos en el palacio anterior.
  3. En frente, el pórtico del palacio Comunal o Ayuntamiento, desde donde está tomada la foto de abajo.
  4. Fuera de la foto el Palacio Borgia, para albergar a los obispos que visitaran al Papa.
    Pienza. Palazzo Piccolomini (derc.) y Catedral (izqu.), 1459-62.



    Otro ejemplo es la reedificación del Campidoglio, la antigua colina Palatina, que comienza Miguel Ángel a partir de 1538. Crea una plaza trapezoidal a la que se accede a través de una larga escalinata. Esta vez no hay iglesia. Los tres palacios quedan sujetos a un mismo programa en el que el denominador común es el orden gigante. Como centro eligió la estatua ecuestre de Marco Aurelio justo en el eje entre la rampa de ascenso, la puerta escalinata del Palacio de los Senadores y su torre.

    Plaza del Capitolio. Roma.



    • La verticalidad gótica se contraponía al deseo de horizontalidad renacentista. Los palacios medievales con sus torres que sobresalían sobre los tejados de las ciudades serían sustituidos en gran parte por construcciones cúbicas. El palacio Vechio de Florencia con su espectacular torre contrasta con los palacios del quattrocento como el de la familia Strozzi.
    Palacio Vechio (s. XIV) y Palacio Strozzi (s. XV). Florencia.



    • Las fachadas asimétricas del gótico se reconvertirán en uniformes edificios, donde los pisos se estructuraban  por medio de cornisas-entablamentos y pilastras-columnas a la manera clásica
    Vista de ciudad ideal en el Galleria Nazionale delle Marche, Urbino. Atribuido a varios autores. Abajo detalle.





    • La perspectiva y la simetría son los elementos más importantes para conseguir conjuntos equilibrados como podemos ver en este otro cuadro que reconstruye una ciudad ideal.
    Vista de ciudad ideal en la Gemäldegalerie de Berlín. Atribuido a varios autores.



    La ciudad ideal renacentista. Sforzinda y su plasmación Palmanova.

    Sforzinda fue un proyecto que nunca llegó a realizarse. Fue un idea desarrollada  por Antonio Averlino, conocido como Filarete, en su "Trattato di Architettura" publicado en 1465.  Sería una ciudad para mayor gloria del señor de Milán Francesco Sforza, de ahí el nombre. Trazada mediante círculos y cuadrados, su plano describe una estrella de ocho puntas inscritas en una circunferencia.



    Plano de Sforzinda, 1465.



    En su centro se situaría la plaza, con la catedral, el palacio señorial, el hospital, los almacenes y los talleres. De allí  irradiarían 8 calles hacia cada una de las puertas de la ciudad y otras ocho hacia las puntas de la estrella, una de ellas acompañada de un acueducto a estilo romano. Todas tendrían una ligera pendiente para facilitar el desagüe. En los extremos fuertes torres de flanqueo protegerían las puertas. Para facilitar el tráfico interno habría una calle circular que uniría pequeñas plazas rectangulares destinadas a mercados o a tener una iglesia parroquial.




    La idea ejerció una notable influencia en la construcción de la fortaleza veneciana de Palmanova, creada por Vicenzo Scamozzi en 1593 para proteger a la República Veneciana de un posible ataque de los turcos a través de Eslovenia. La ciudad ya no tenía un carácter ensalzador de un personaje por lo que el centro no tiene un edificio central claro. Se potencia el uso defensivo con un foso y reduciendo a sólo tres las puertas de acceso a la ciudad.

    Palmanova, 1593. Vista aérea.


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