jueves, 2 de octubre de 2014

JACQUES-LOUIS DAVID, EL JURAMENTO DE LOS HORACIOS. EL MANIFIESTO DEL NEOCLASICISMO RACIONALISTA EN LA PINTURA.

El Neoclasicismo abarca un periodo complejo y contradictorio a nivel artístico. En un momento clave de la historia europea y americana, los años que engendraron la Revolución Francesa y que dieron comienzo al periodo contemporáneo, se requería un arte diferente del Rococó. Los pintores racionalistas del siglo XVIII  despreciaban el estilo aristocrático porque exaltaba la frivolidad, la voluptuosidad y el decorativismo. Ellos querían una nueva sociedad más justa, basada en valores morales como la libertad, la igualdad, la sobriedad, la sencillez y el progreso. Desde el punto de vista artístico, también querían un nuevo estilo que se distanciara de los excesos sentimentales y de las complejidades compositivas del Barroco. Pero, al mismo tiempo, no querían renunciar al idealismo y a la belleza, la suprema perfección que dirían Winckelmann, ni a la tradición de los pintores clásicos franceses del siglo XVII. Los hallazgos arqueológicos de Pompeya y Herculano les descubrirán el modelo a seguir. Algunos artistas, como Jean Baptiste Regnault  François Gerard, se quedarán exclusivamente en el aspecto formal de la imitación del espíritu del pasado grecorromano y de la búsqueda de la belleza ideal; pero otros, como David, encontrarán en la Antigüedad, sobre todo en la Roma Republicana, la plasmación de sus ideales estéticos, racionales y políticos.



El Neoclasicismo será, pues,  el fruto de los nuevos tiempos y David con su cuadro El Juramento de los Horacios su máximo exponente y  el manifiesto de la nueva escuela respectivamente.

Jacques-Louis David (1748-1825)

Formado en la escuela de Boucher, uno de los pintores rococós más afamados, es becado en 1774 por la Academia francesa para completar sus estudios en la ciudad de Roma. Allí  se convertirá al neoclasicismo y permanecerá muchos años pintando, entre otros, el cuadro que analizaremos a continuación o también La muerte de Sócrates (1787).En estos cuadros refleja episodios del pasado grecorromano donde aparecen personajes que dieron su vida por defender sus ideas, ejemplos morales de civismo que se enfrentan con estoicismo a un destino injusto.

David. La muerte de Sócrates, 1787.


De vuelta en París tomó parte activa en el Revolución comenzada a partir de 1789. Asistió al plante de la Asamblea Nacional y lo dejó plasmado propagandísticamente en su cuadro El Juramento del Juego de Pelota (1791). Como diputado jacobino será uno de los que condene a muerte a Luis XVI. Una de sus obras más inspiradas de estos momentos será  La muerte de Marat (1793), homenaje al  amigo y "mártir de la Revolución". En este caso, representa al asesinado con gran sencillez e idealización. La luz tenebrista y la postura del difundo recuerdan imágenes religiosas escultóricas, en concreto, el Cristo de la Piedad de Miguel Ángel, con lo que David dota a Marat de un halo casi místico.

David. La muerte de Marat, 1793.


Con la caída de Robespierre será encarcelado durante seis meses, lo que aprovechará para iniciar El rapto de las Sabinas (1795-99), que evoca la lealtad de su mujer durante estos años y el deseo de reconciliación para los franceses. El sentido heróico sigue presente años después cuando en 1814 compone Leónidas y los lacedemonios en las Termópilas para conmemorar a los héroes muertos en la guerra.

David. El rapto de las Sabinas, 1795-99.


Con la ascensión de Napoleón al poder supo adaptarse a la nueva situación y se convirtió en su retratista oficial. Su actitud con él fue de halago constante como se puede apreciar en el retrato ecuestre Napoleón cruzando los Alpes (1801) o en su descomunal La Coronación de Notre Dame (1805-07). Su implicación política con el Imperio le trajo como consecuencia a partir de 1815 el exilio en Bruselas, donde morirá.

David. La Coronación de Notre Dame, 1805-07.


EL CUADRO EL JURAMENTO DE LOS HORACIOS
  1. Ficha Técnica.
- El juramento de los Horacios, de Jacques-Louis David. 1784.

- Óleo sobre lienzo (3,30 x 4,25).

- Museo del Louvre. París.

Si pulsas sobre la imagen la podrás ver bien ampliada.


El juramento de los Horacios fue elaborado en Roma y presentado en el Salón de 1785, bajo el reinado de Luis XVI. Obtuvo un gran éxito y posteriormente fue considerado como el manifiesto del neoclasicismo pictórico.
  1. El tema. Describe un pasaje de la antigua República romana narrado por Tito Livio en Ab urbe condita. Los tres hermanos Horacios se conjuran ante su padre para luchar por Roma hasta la muerte, si fuera necesario, en su duelo que tendrán contra los tres hermanos Curiaceos de Alba Longa. La actitud marcial y arrogante de los personajes masculinos contrasta con el recogimiento y abatimiento del grupo de mujeres y niños, que premonizan lo que va a suceder. Esta oposición acentúa el dramatismo que ya de por sí tiene el acto del juramento.
  1. Finalidad. David no pretendía tratar simplemente el hecho histórico sino transmitir un mensaje patriótico. Era una obra moralizante en la que quería exaltar el deber que tenían los ciudadanos de sacrificarse por su país. Aunque el lienzo no pretendía apoyar la conspiración contra la autoridad del Estado -como demuestra el hecho de que fuera el propio rey Luis XVI quien encargó el cuadro-, en la atmósfera tensa de los años anteriores a la Revolución  su contenido fue interpretado en este sentido.
  • Características artísticas.
  1. 1. Escena idealizada. Los personajes con sus actitudes transmiten artificialidad y teatralidad. De hecho, el tema además de en la obra de Tito Livio también se basaba en un obra de teatro de 1640, Horace de Pierre Cornielle. Drama truculento que impulsa a la gesticulación, tal y como actuaban los actores de la época. Pese a todo no trasmite emoción, porque sus personajes contienen con frialdad los sentimientos.
  1. 2. Sobriedad. La habitación carece de decoración, sólo unas columnas toscanas enmarcan la escena. Los trajes son simples, sin aditamentos especiales. No buscan mostrar lujo, sino sencillez y austeridad, valores de aquellos hombres que hicieron grande a Roma.
  1. 3. Dibujo y escultura. Prescinde del aura vaporosa y esfumada que tanto complacía a la pintura rococó coetánea. La pincelada es pulida, evitando que se note. Las figuras se delimitan dibujísticamente. Tanto hombres como mujeres se asemejan a estatuas o mejor, dado el carácter triangular de la composición, a relieves de frontones. Con los dibujos que acompañan estas líneas, que le sirvieron de bocetos, se puede comprender la técnica del pintor.


  1. 4. Color. El cromatismo se subordina al dibujo. Los colores tampoco importan especialmente, salvo tal vez el rojo de la túnica del padre, que se convierte en un símbolo de la sangre a derramar en un futuro próximo.
  1. 5. La luz. El tenebrismo de Caravaggio está presente en la obra al utilizar la luz de claraboya e iluminar selectivamente la escena. La luz también sirve para proyectar sombras alargadas sobre el suelo, que sirven para crear junto con la cuadrícula de las baldosas el efecto de profundidad. La luz es fría, lo que da solemnidad al conjunto.
  1. 6. La composición. Los tres arcos del fondo dividen la composición del lienzo en tres zonas separadas: a la izquierda los tres hermanos; en el centro, el padre; y a la derecha, las mujeres y los niños.  Los personajes aparecen afianzados creando con sus piernas y cuerpos un triángulo. El centro de la composición es la mano del padre que tiende las espadas hacia la que convergen las líneas compositivas y las miradas. El equilibrio es total.

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