martes, 30 de septiembre de 2014

LOS JÓVENES PINTORES ESPAÑOLES DE FINALES DEL SIGLO XIX Y LA PINTURA DE HISTORIA EN LA ACADEMIA ESPAÑOLA DE ROMA.

A lo largo del siglo XIX nuestros jóvenes artistas acudieron a Roma atraídos por el conocimiento de primera mano de los pintores italianos del Renacimiento y por una ciudad que mantenía todavía sus gloriosas ruinas romanas y un romántico aspecto entre medieval y renacentista. Durante mucho tiempo se consideró que la estancia en Roma era algo imprescindible para alcanzar la maestría personal y la madurez intelectual. Con el avance del siglo se fueron incrementando los viajes  gracias a la revolución de los transportes y al mecenazgo de ciertas instituciones, siendo habituales desde mediados. Paradigmas de jóvenes pintores españoles que se enamoraron de la ciudad en el tercer cuarto de siglo  fueron  Eduardo Rosales o Mariano Fortuny (que precisamente murió aquí en 1874). Ellos tienen en común estar a caballo  entre el academicismo realista y la estética de la pintura moderna.

Aunque  existían becas para los artistas desde el siglo XVIII por parte de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, será en 1873 cuando se cree la Academia Española en Roma, como extensión  para que los alumnos más aventajados pudieran alojarse, trabajar cómodamente y completar sus estudios pensionados (becados) en la ciudad eterna. En aquella fecha Roma había quedado como último refugio de un clasicismo academicista que iba en retirada. París, la otra ciudad de referencia para nuestros artistas, había tomado el relevo del mercado y de la vanguardia artística. No obstante, los jóvenes artistas que recibieron ese privilegio en el último cuarto de siglo supieron aprovechar la experiencia.

Vista de Roma desde el Gianiculo.



La sede de la Academia se encuentra desde 1881 en el monte Gianículo, en el antiguo convento de San Pietro in Montorio. Desde su fundación a nuestros días ha acogido a cientos de artistas e intelectuales de todo tipo, puesto que también se ha ampliado la beca a disciplinas como la música, la literatura, el cine, las artes escénicas o la fotografía.

El famoso templete de Bramanate de San Pietro in Montorio, en el interior del complejo de la Academia de España.




La pintura fue la disciplina a la que se dio más importancia tanto cuantitativa como cualitativamente.  En el periodo inicial (1873-1903), que podríamos decir fue la época de oro de la Institución, pasaron por el centro jóvenes promesas que no tardarían en triunfar como Pradilla, Pinazo, Plasencia, Viniegra, Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, Vera, etc. El único de los grandes pintores realistas españoles de fin de siglo que faltó fue Joaquín Sorolla, aunque también pasó por Roma e Italia (1885-89), pensionado por la Diputación Provincial de Valencia.

El trabajo de un pintor pensionado en Roma.

La tarea de un pensionado comprendía, durante los tres o cuatro años que pasaban en Roma, en realizar estudios de figura, copias y cuadros de composición que se mandaban a Madrid  para ser evaluados y para conservar la subvención. Estas obras son la más genuina contribución española al academicismo internacional. No debemos considerarlas simples ejercicios de formación, dado el nivel de exigencia técnica que se pedía a los artistas para realizar el viaje.
  1. El trabajo final del primer año consistía en la ejecución de un cuadro en que entrasen una o dos figuras, por lo general desnudas. Estos cuadros tiene importancia porque son de los pocos desnudos de pintura española de la época que se realizaron. El tratamiento sensual de algunas de las obras difícilmente se hubiese podido conseguir en España.
Salvador Viniegra. El primer beso, 1891. Ejemplo de trabajo de primer año y de desnudo. Nótese el parecido del modelo humano masculino y de la pose de Adán con el fresco de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.




  1. El segundo año tenía que culminar con la "copia de un cuadro de maestro antiguo o de un fragmento importante de algún fresco o pintura de grandes dimensiones, procurando que dicha copia sea de autor ilustre, cuyas mejores obras no pueden estudiarse en nuestro Museo Nacional". Evidentemente, los cuadros escogidos eran los de los grandes autores italianos del Renacimiento: Miguel Ángel, Rafael, Carpaccio, Mantegna, Tiziano..., que permitieron a muchos artistas perfeccionarse.
  2. El tercero y cuarto año debían ejecutar un boceto y un gran cuadro final de historia, que era la culminación de su pensionado. El objetivo de todos los pensionados era realizar la obra que les diese fama y reconocimiento público de por vida. La obra pasaba obligatoriamente a los fondos del Ministerio de Asuntos Exteriores del que dependía y del que sigue dependiendo la Academia. El formato era muy grande, por lo que habitualmente sólo podían servir para decorar amplias salas de edificios oficiales.
Alejo Vera. Numancia. Cuadro de dimensiones espectaculares 3,35 x 5,00 mts


Además de estas obras los becados realizaban otras muchas obras para financiar su estancia o regalar a sus amistades. También puede anotarse en el haber de esta institución los cuadros realizados por sus profesores y directores en la ciudad, todos ellos de mucho prestigio. Precisamente, José Casado Alisal, director desde 1873, pintó en Roma una de las obras capitales de su producción, La campana de Huesca (1880), y Francisco Pradilla terminó La Rendición de Granada desde este cargo en 1882. También fueron directores en esta época Vicente Palmarolli y Alejo Vera.

José Casado Alisal, La Campana de Huesca, 1880.




La producción de los becados de la Academia.

En gran medida, el género del desnudo y la última fase del género histórico en España van ligados a la historia de la Academia de España en Roma, dado los temas impuestos para renovar la beca o para alcanzar el "doctorado". Veamos en el siguiente Slide los trabajos originales más sobresalientes de los becados y de sus profesores durante su estancia en Roma. Omitimos las copias de las pinturas italianas, los paisajes y las obras menores; también, por supuesto, aquellas de las que no hemos podido conseguir imagen. Tras el Slide se puede consultar la nómina de las obras tal y como salen en la presentación. Están ordenadas por orden cronológico. Nótese la evolución temática y de estilo de los últimos diez años, muy distinta de las de los veinte primeros.

  1. - Casto Plasencia: Motivo decorativo (Venus y Cupido), 1876 (trabajo de primer año).
  2. - Francisco Pradilla: Náufragos, 1876 (trabajo de primer año).
  3. - Casto Plasencia: El origen de la República romana,  1877.
  4. - Francisco Pradilla: Doña Juana La Loca, 1878.
  5. - Ignacio Pinazo: Las Hijas del Cid, 1879 (trabajo de primer año).
  6. - Alejo Vera: Numancia, 1880.
  7. - Manuel Ramírez Benítez: Baño Pompeyano, 1880 (trabajo de primer año)
  8. - José Casado Alisal: La campana de Huesca (siendo director de la Academia hasta 1881)
  9. - José Moreno Carbonero: La meta sudante, 1882 (trabajo de primer año).
  10. - Francisco Pradilla: La rendición de Granada, 1878-82  (siendo director de la Academia 1881-82).
  11. - José Moreno Carbonero: La conversión del duque de Gandía, 1884.
  12. - Antonio Muñoz Degrain: Los amantes de Teruel, 1884.
  13. - Ulpiano Checa: Numa y la ninfa Egeria, 1885 (trabajo del primer año).
  14. - Ulpiano Checa: La invasión de los bárbaros, 1887 (desparecido, quedan bocetos).
  15. - Emilio Sala: Expulsión de los judíos de España, 1889 (boceto en Roma y terminado en París).
  16. - Eugenio Álvarez Dumont: La muerte de Adonis, 1889 (trabajo de primer año).
  17. - Enrique Simonet: ¡Y tenía corazón!, 1890 (trabajo del primer año).
  18. - Eugenio Álvarez Dumont: Trafalgar, La muerte de Churruca, 1891.
  19. - Salvador Viniegra: El primer beso, 1891 (trabajo del primer año).
  20. - José Garnelo: Primeros homenajes a Colón en el nuevo mundo, 1892.
  21. - Enrique Simonet: Flevit super illam, 1892.
  22. - Salvador Viniegra: El compromiso de Caspe, 1892.
  23. - Joaquín Bárbara Balza: Náufragos, 1896 (trabajo del primer año).
  24. - Manuel Benedito: Infancia de Baco, 1901 (trabajo del primer año).
  25. - Eduardo Chicharro: Reinaldo en el bosque encantado, 1903.
  26. - Manuel Benedito: El infierno, 1903.

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